Definición. El significado bíblico de endurecer, es acción de hacer a alguien severo o exigente, bien sea con su carácter o con su espíritu. De manera similar a la palabra
engrosar, se trata de una expresión que se emplea en el sentido metafórico.
El término
endurecer también sirve para designar aquello que se vuelve de un estado líquido a sólido en poco tiempo. Sin dejar de lado, todo lo que se considera resistente o persistente ante cualquier evento.
El término hebreo
endurecer, cuenta con numerosas relaciones, siendo las más populares las que se asocian de modo directo con ser severo, caprichoso, pesado, indiferente o insensible.
El acto de endurecer en las personas
Cuando decimos que
una persona pasa por el proceso de endurecer, significa que es más obstinada o cruel hacia los demás. Este tipo de actitud podría atribuírsele al señor, en los momentos en los que tuvo que ser severo con su pueblo.
En los pasajes del Antiguo Testamento
encontramos la palabra endurecer con referencia al faraón de Egipto. Este personaje fue indiferente ante los deseos y requerimientos que le solicitó Moisés, por lo que, no quería dejar que el pueblo se fuese en libertad.
Se dice que
el faraón se dedicó a endurecer su voluntad, razón por la que despreció y rechazó los ofrecimientos que provenían de parte de Jehová.
¿Un corazón puede dejar de endurecerse?
La palabra del señor también nos habla del corazón que
se vuelve a endurecer en el camino. Una de las causas para ello tiene que ver con los deseos incumplidos o con otras cosas que cambian la manera de pensar y de obrar de la gente.
Aquel que tiende a endurecer su corazón adormece su capacidad para percibir y entender los mensajes que Dios podría transmitirle. Algunos de los pasajes del libro de Marcos nos muestran ejemplos sobre ciertos discípulos de Cristo que sufrieron tal mal.
Jesucristo describió
como eran aquellos que se dedicaban a endurecer su corazón y les caracterizaba por ser personas incapaces de ver, entender u oír. Nos coloca el ejemplo de los israelitas que tuvieron que pasar largos años peregrinando por el desierto, ellos se llenaron de miedo y de preocupación constante.
Conviene señalar, que el pecado hace que
los corazones se endurezcan, por eso muchas personas no se arrepienten de los malos actos que cometen. Cristo nos invita a realizar obras de redención y a confesarnos ante los miembros de la Iglesia.